dimecres, 2 de maig de 2012

4 días inolvidables de auténtica Costa Brava en diciembre.

Aprovechamos un parte meteo muy bueno y el puente de la Purísima de diciembre de 2011 para embarcarnos en un par de veleros de Velanomada, con el objetivo de subir hacia Cap de Creus y acercarnos tanto como sea posible a los lugares que durante la temporada veraniega nos es difícil.









El jueves 1 de diciembre nos vamos hacia Palamós. Embarcamos hacia las 11 de la mañana y a las 12 del mediodía salimos con el objetivo de fondear en Cala Castell y comer.Pues dicho y hecho. Media horita de navegación y fondeamos el hierro a escasos metros de la arena. Sonda 3 m. Genial.

Comemos un buen asado y luego sin entretenernos demasiado salimos hacia el norte.Remontamos a vela y motor Calella, Tamariu, las calas de Begur. Las Medas las pasamos al atardecer y llegamos a L'Escala ya de noche.

Los niños, durante la navegación, entretenidos con la Wii, no se dan cuenta hasta que estamos casi en la bocana del puerto.El viernes por la mañana vamos para una corta visita al Open 60 Mirabaud de la Barcelona World Race, que estos días está en Roses promocionando la segunda BWR. ¡Qué velero, madre mía!Salimos a media mañana rumbo a Cadaqués. El golfo de Roses a motor pues el viento es testimonial. El día es espléndido. Las velas del Mirabaud, que ya está en el mar, se ven como un espejismo, lejos, flotando en el mar del golfo.

Rosas, Montjoi, Cap Norfeu, Júncols y finalmente el faro de Cala Nans y Cadaqués. Fantástico. Estamos solos en la cala, en compañía de alguna otra barca amarrada desde hace tiempo, y de las gaviotas. Nos amarramos a la boya que queda más cerca de tierra. 


Después de una buena comida a bordo, los niños salen con el chinchorro a buscar aventuras hacia el Piló y Nans, y los mayores hacia tierra en busca de un café en el Casino, hasta que se nos hace de noche antes de las 18 h. Ya se sabe, ahora en invierno, el día es corto y hay que aprovecharlo!

Una vez en el velero, las zapatillas mojadas de los aventureros las ponemos al calor del motor para secarlas, cambio de vaqueros mojados hasta las rodillas y los chiquillos montan una partida de Risk interminable que nos lleva a cenar a las once y media!

El sábado nos levantamos pronto, y sin arrancar el motor ponemos velas y salimos de Cadaqués, con los 2 ó 3 nudos de terral, poco a poco, pausadamente, sobre un mar tranquilo y un amanecer indescriptible. Hacemos medio nudo. La juventud nos adelanta con el chinchorro, remando. Vivir estos momentos no tiene precio.
Una vez fuera de la bahía poco a poco empezamos a encontrar una leve tramontana que va subiendo hasta los 10 nudos y que nos hace disfrutar a todos, padres y niños, ahora si todos a bordo, de tres horitas de navegación a vela muy bonitas hasta remontar el Cabo de Creus. El Canigó se ve rebosante de nieve. También divisamos el Bastiments, el pico del Infierno y el Puigmal, y toda la cresta de Pla Guillem nevada. A nosotros, que somos de mar y montaña, nos gusta encontrar el paisaje del mar y de los Pirineos en Creus.
 
Pues bien, escoramos, remontamos, viramos la Massa d'Oros que se resiste a pasar, disfrutamos el sol nítido y fresco de diciembre. No encontramos a nadie navegando, ni pescadores ni veleros ni motoras. Nadie. El Cap de Creus, como ayer en Castell, la costa de Begur, Pals, Estartit, Medas, Rosas, todo para nosotros.



Una vez cerca de Cala Culip arriamos velas y, ahora si, arrancamos motor para entrar. La encontramos solitaria, bella, salvaje. Nada que ver comparada con la cantidad de gente que hay cuando hace calor a partir de la primavera.Lanzamos el hierro junto a el embarcadero. Nuevamente nos abarloamos. Los niños suben a las neumáticas para reconocer el nuevo escenario. El lugar es maravilloso.

Después de comer toca subir todos al mástil. Bien asegurados uno tras otro hacemos subir a todos los pequeños, y mayores, hasta la perilla. Desde arriba el panorama es inmenso. La vista alcanza, saltando por encima del brazo de roca que cierra la cala por el norte, hasta el faro.

Mientras, vamos atangonando también a los niños que se lo pasan pipa. ¡Un par de nosotros incluso tomamos lo que probablemente será el último baño del 2011!. La tarde pasa rápido con tanta actividad.
Para acabar de disfrutar la zona decidimos bajar todos al tierra y recorrer andando el camino que nos lleva hasta s'Àguila de Tudela. Con cuatro pasos de grimpada ya tenemos al personal haciendo compañía al aguilucho de piedra. Es increíble como se aguanta todavía, resistiendo el paso del tiempo, y los latigazos de la tramontana cuando sopla.

Ya al ​​atardecer, salimos de Culip, solitarios entre la geografía de la zona que nos hace sentir pequeños, rumbo a las Medas.
Una segunda partida de Risk hace la travesía nocturna a motor de Culip hasta Medes entretenida y amena para los niños.
Núria y yo, fuera, vigilando en una noche de calma total, de mar de aceite, de luna llena, de sus reflejos indescriptibles, de frio de diciembre. ¿Vigilando qué? Vigilando nada. Nada de nada pues no hay nadie en el Golfo de Rosas. Nadie. Sólo nosotros atravesando el mar mientras la luna nos ilumina la costa con tonalidades grises y plata.

Entramos en l'Estartit a ver el Madrid - Barça y a dormir. El Madrid - Barça, impresionante. La noche, placentera. Y las zapatillas, a secar al compartimento del motor.Por la mañana salimos de puerto y vamos a vistar a nuestro Carall Bernat. Le damos la vuelta con los veleros, pues el mar, el viento y la ausencia total de otros visitantes nos lo permite. Es realmente impresionante este roca.

Con las Medas a pocos metros por la popa, subimos mayor, desplegamos génova y ponemos rumbo a Cap de Begur. Objetivo, la Cova d'en Gispert. Con viento de través que va pasando en la aleta, subimos el asimétrico. Vamos a 5 nudos con puntas de 6 ó 7, aprovechando un ligero mitral que entra como la gloria.

Poco más de una hora y ya estamos en Cabo de Begur, arriamos y volvemos a encontrar la Cova Gispert.
Hierro abajo y cueva adentro hasta el bloque que hay en el interior.
Los niños desembarcan, los dejamos solos encima la piedra, sí, no os preocupéis abuelas, no os preocupéis que el mar está en calma. Y salimos a buscar a los mayores. Se nota la respiración del mar que entra en el fondo de la cueva, como si fuera un monstruo dormido. El ambiente, la soledad, los ruidos, la oscuridad rota por los rayos de sol que entran, el goteo del agua que cae del techo, todo es irreal. La angustia deja paso al presente, que quedará grabado con fuego en la memoria de los niños.

Ya que estamos aquí, hacemos una corta visita a la cueva del Bisbe. Vamos a comer a Tamariu. La bahía está sin un alma pues aparte de una docena de peatones en la aldea, en el mar  aparte de nosotros no están ni las boyas de amarre. Fondeamos a pocos metros del embarcadero, junto a la arena. En un lugar donde en verano es imposible estar por la cantidad de boyas que cierran el paso y de bañistas.
Vuelta a empezar. Chinchorro, alguna caída mientras los pequeños practican bloque en el costado de levante de la cala, y como es habitual en estos días, pies mojados y cambio de pantalones.

Todo se acaba y llega la hora de recoger. Recoger niños repartidos por la cala y bultos por todas partes del velero.Tranquilamente, a motor, absorbidos por la puesta de sol impresionante del atardecer, rumbo a la isla Hormiga, y luego hacia Palamós, volvemos a surcar el mar entre el vuelo rasante de las gaviotas.


Cuatro días realmente inolvidables que nos han hecho vivir la Costa Brava como era hace 40 ó 50 años, solitaria, olvidada, magnifica y equilibrada.